Viviendo juntos

Mi esposo y yo nos conocemos desde los 15 años, y después de varias idas y venidas, separaciones y uniones, vamos a cumplir 4 años de casados y tenemos 2 hijas.

La etapa de adaptación es difícil y muy diferente a los ratos que pasaban juntos, donde si se enojaban te metías a tu casa y no se hablaban o  no se veían. Incluso conociendo a tu pareja por años, dependiendo de la actitud de cada uno, sus formas, manías y costumbres serán, a veces, totalmente diferentes a las tuyas y pueden acarrear ciertos problemas hasta que lleguen al punto de equilibrio…

Esa acomodación puede ser ardua y complicada. Desde la toalla mojada en la cama, hasta el talco para pies usado diariamente y que deja tu dormitorio como que nevó dentro, crean discordias, fastidios e incomodidades al verlos frecuentemente. Que le gusta escuchar la música a todo volumen y a ti no, que a ti te gusta ver televisión hasta tarde y a él no, son cosas que van formando parte de nuestro día a día; sumado a nuestros trabajos, amigos, familias, etc; que también entran en juego.

Hay cosas que mejorarán, se arreglarán, tal vez desaparecerán (algo difícil), pero debemos confiar y esperar lo mejor, siempre. Por qué, porque es la persona que elegiste como compañero(a) de vida, no es que te juntaste para ver cómo te va y si te va mal o te aburres se acaba. Ese pensamiento parece que prevalece actualmente, las personas se casan y en menos de 2 ó  5 años se divorcian, rompiendo promesas, lastimando familias, olvidando  compromisos.

Que a veces las circunstancias y situaciones son distintas, sí; que hay cosas imperdonables como el maltrato físico y psicológico que sí son causa de divorcio y separación sí; infidelidades… habría que debatirlo (conozco parejas que salvaron su matrimonio a pesar de esto) Pero por otros motivos, son salvables las uniones.

Pasando ese periodo,  vas haciendo tu vida conyugal llevadera, armoniosa y divertida. Formando objetivos y metas comunes, conociendo a tu pareja y saber lo que siente sin necesidad de hablar, compartiendo tiempo juntos con la familia y amistades de cada uno (todo debe ser parejo), cediendo a veces y defendiendo en otras. Ojo que ceder no es perder ni someterse, es priorizar qué consideras importante para tu vida conyugal y defender y apoyar, porque todo sumará en bien de ambos. Cuando vivimos en pareja se deja el individualismo y se busca el bien común, conservando la identidad e independencia innata de cada uno.

Vivo junto a mi esposo casi 8 años y seguimos aprendiendo, con buenas y malas temporadas, con separaciones, arrebatos y tempestades ocasionados por egoísmos, inmadurez, orgullo y errores… Pero continuamos en la marcha, avanzando; a veces, retrocediendo en algunos aspectos y volviendo a avanzar, lo importante es continuar… y si sentimos ganas de tirar la toalla, respira profundo, grita, conversa una y mil veces más y sigue, es una constante y tal vez la más importante.

Sea como matrimonio o convivientes, el compromiso que haces al unirte a alguien se debe respetar y honrar sea que esté firmado o no en un documento. Con o sin hijos, en las buenas y en las malas… porque habrá malas temporadas, pero depende de nosotros seguir escribiendo nuestra historia.

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